jueves, 4 de abril de 2013

Pegajosos

  

   Hay algunos pensamientos que son como un chicle. Al principio son dulces y sabrosos, reveladores. Mastícalos demasiado y pueden acabar volviéndose amargos. Intenta quitártelos, pero empezarán a pegarse a las paredes de tu conciencia como si tuvieran vida propia. Intentarás librarte de ellos, y cuanto más te esfuerces en sacarlos de tu cabeza, cuanto más los toques, se volverán más y más pegajosos.

    Mientras, sigues mascando para devolverles la forma original y sacarlos de ahí. Y empiezas a sentir hambre. Pero nada puede entrar porque ya la plasta no te permite ni abrir la boca. Nada puede entrar: está ocupado. Y así te quedas durante mucho tiempo, sin alimentarte a ti mismo porque tienes un chicle en la boca. Y la mandíbula ya empieza a doler, y te vas consumiendo poco a poco. Tienes que sacarlos para llenarte, porque te sientes vacío y hambriento.

    Quizás con un poco de agua fría...

sábado, 22 de septiembre de 2012

Cómo desapareció la tormenta



El viento se ahogó, y al quedarse sin aire, dejó de soplar; la marea se atragantó con sus peces; la lluvia, agotada, descansó para alisar el cielo: desaparecieron los rayos. Un pequeño trueno maulló, y el resto dejó de rugir para reírse de él.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Hemos perdido


   Desaparecida la fascinación, ya sólo importa frotar las pieles y hacer aflorar ese rancio licor que yace bajo la epidermis hasta que se evapora. Y con él también la dulce congoja del corazón, los besos, la exploración y la aventura en el laberinto mental. Inexistente queda esa interacción invisible entre dos cuerpos que, condensada en una plasta transparente, oprime el pecho de una pareja. Y si en algún momento se atisba, se funde por desecho en la búsqueda de otro orgasmo cualquiera o se va solidificando en el corazón de uno de los dos para acabar hiriéndolo, y quizás, finalmente destrozarlo.
   Evaporada una vida rugosa, milagrosa y completa. Evaporada la capacidad de crear lo más bello; de ser artífice de la risa o la felicidad. Evaporada la exquisita esencia humana que hoy huele a exudación y secreciones.
   Es como si sólo quisiéramos un lingote de oro para equilibrar la pata de una mesa coja.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Una tarde bochornosa

    Mientras refregaba fuertemente la encimera de la cocina con un estropajo de olor y aspecto rancio, supuse que todo el vecindario lo escuchó. La conversación rebotaba en todos los edificios como ecos que querían ser escuchados; voces que entraban por las ventanas abiertas de los pisos en un agosto bochornoso. La emoción te inunda cuando sientes que te coordinas con el resto de personas, ya sabes, como una telepatía casual. Lo que escuchábamos posiblemente nos hacía sonreír a todos a la vez.
—Tienes que frenar primero con el freno de atrás, y si eso luego con el de delante. Como frenes con el de delante, la bici se para en seco y te caes de boca.
     Seguidamente se escuchó un chirrido muy agudo y todos nos imaginamos la pequeña bicicleta frenando por primera vez. Una voz paternal y orgullosa gritó:
—¡Hala mi niña! ¡Cómo rechina las ruedas!
    Y qué risita infantil y nerviosa nos enterneció a todos segundos después. Cada uno de nosotros, los vecinos en nuestras casas y quehaceres, disfrutamos de ese momento. Un momento que no era nuestro, pero ahí estábamos, asistiendo anónimamente a la primera vez que Eva montó en bicicleta.

jueves, 9 de agosto de 2012

"En el equilibrio está la virtud"


    Es curioso cuando todo el mundo afirma que no existe excepción para el refrán "en el equilibrio está la virtud" o lo de que "nada en exceso es bueno". Es cierto. No existe. Pero por una razón muy sencilla, tan sencilla como que es lingüística.

    Cuando hablamos de exceso o de carencias, estamos utilizando –siempre en cierto contexto– dichas palabras en un sentido negativo. Es evidente e inclusive en su definición que algo en exceso tiene una connotación negativa. Quiero decir que "el exceso es malo" es una redundancia. Y una redundancia, que ya de por sí es la repetición innecesaria de un concepto, difícilmente va a aportarnos una verdad reveladora, y mucho menos va a resultar un embuste. Pasa exactamente lo mismo con la carencia, que es el exceso invertido y con igual sentido negativo.

    O sea, que lingüísticamente es imposible encontrar una pega a los refranes de este tipo. Luego oficialmente no la hay. Enhorabuena a todos los que lo afirmáis. Sois súper-sabios, ¿eh?

miércoles, 1 de agosto de 2012

Limpiacristales



Haciendo limpieza general en casa encontré una interesante metáfora sobre el sistema político español. Viene de la mano de una servidora, que parece que no ha limpiado un cristal en su vida. No recordaba la existencia del limpiacristales, así que lo limpié a agua y jabón.

El Gobierno hace lo mismo con nuestro país. Para limpiar el cristal, lo embadurna con jabón, mucho, mucho jabón. Cuanto más jabón, mejor. Nos raspa cruelmente con un estropajo sabiendo que puede rayarnos, nos entra espuma en los ojos y nos escuece. Es necesario si queremos estar reluciente, pero nos sentimos irritados por el jabón. ¿Y qué viene después? Nos prometen que todo esto es para aclararnos y dejarnos como los chorros del oro.

Pero ellos se limitan a enjuagarnos con trapos húmedos que poca espuma quitan. Remueven y esparcen, creando una asquerosa película blanquecina, un mejunje de suciedad jabonosa. Pero siguen sin enjuagar nada y refregando. Nosotros seguimos con el quemazón y sin ver el cristal limpio. Ellos ven el cristal claro. ¿Pero cómo ha quedado? Lleno de churretes y pringue, peor que antes pero ahora con algo de detergente. Esos lamparones que se secan, te dejan el cristal blanco, y que luego no hay dios que los quite.

Así estamos, escocidos por el jabón y con la misma mierda al cuello. Necesidad de la que dudo veamos resultados finales, porque no van a aclararnos. No nos dejarán ver el cristal limpio porque les daba pereza ir a coger el limpiacristales, y total, para cuando habían caído en la cuenta el cristal ya estaba lleno de jabón. Ya puestos lo intentan terminar. Aunque sepan que están liando el taco.

jueves, 5 de julio de 2012

Entrecomillados










http://www.publico.es/espana/439278/igualdad-animal-denuncia-el-maltrato-al-que-son-sometidos-los-patos-para-la-produccion-de-foie-gras

Qué impotencia al leer la noticia de Publico.es sobre la escalofriante investigación de Igualdad Animal en las granjas de foie gras. No, no me refiero al propio documento. Creo que éste habla y siente por sí sólo. Vengo a referirme a la propia noticia, a la ingenuidad de los redactores.


¿Maltrato? Bueno, espera. Que te fuercen a comer con embudos a presión no puede ser tan malo. Lo ponemos entrecomillado mejor, ¿va?, así somos imparciales. A lo mejor a la criatura no le desagrada.


El horror seguirá siendo 'según los animalistas' y no real. Ahí reside la modorra, nuestra aversión ante todo lo que nos suponga estrujarnos un poco los sesos. Me pongo una venda, y ¡ojos que no ven, corazón que no siente! Que sufra otro, que yo quiero comerme mi foie gras tranquilo.
Pues así vamos, señores. Responsables desentendidos de criaturas con tantos nociceptores como nosotros, torturadas, explotadas, humilladas, y encima, entrecomilladas. La nueva jaula del siglo XXI.

martes, 26 de junio de 2012

Ortega y Gasset


Muchos se confunden y creen que Ortega y Gasset son dos personas. No andan tan equivocados. Lo cierto es que este señor vale por dos.

lunes, 18 de junio de 2012

Sólo unos pocos.


    Vivo en un país donde sólo quedamos unos pocos vivos. Al resto yo los llamo algo así como vivientes. Los vivientes comen, beben y se relacionan. También sienten, y alguno que otro, se enamora. Los vivientes tienen sus ojos electrificados, no ven más allá de unos metros a la redonda. Para ellos sólo existe un mundo; los vivos nos inventamos varios. Como mínimo, uno por cabeza. Los vivos soñamos, creamos la vida que deseamos. Nos imaginamos siendo reyes, astronautas, músicos, pintores o profesores, nos imaginamos siendo todo lo que queremos ser. Trabajamos. Y lo conseguimos. Los vivos somos lo que queremos, vivimos superándonos, anhelando. Vivimos.
   
    Los vivientes tienen otro sistema; se ciñen lo que les den. No luchan. Están conformes siempre y cuando se sientan saciados y les lata el corazón. Toman oportunidades. Las toman pero no las buscan. Y si está muy lejos y no alcanzan, se sienten perezosos para estirar el brazo. Los vivientes tampoco opinan, tan conformistas que todo les parece bien siempre y cuando no les hagan pensar mucho. Hay algo que no les deja. La mayoría lo llama pereza, desidia, dejadez, desgana, flojera o apatía.
Yo lo llamo adversario de la vida.

martes, 27 de diciembre de 2011

¡Feliz epilepsia fotosensitiva y prósperos bolsillos vacíos!

    Ayer tuve que ir arrastrada de compras al centro. Y bueno, lo primero que vi cuando llegué fue un Corte Inglés convertido en infierno para epilépticos. Hasta para mí era un infierno. Son las luces que anuncian la temporada navideña. Un ambiente asociado a las compras y al despilfarro, un ambiente frío de calle, de luces LEDs artificiales, tan antitético al muy vendido ambiente cálido del hogar, a la luz del fuego o de la bombilla amarilla.

    Un buen alumbrado, aparte de contribuir con las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, fomentan las predisposición de los compradores a gastar dinero. Lo más divertido de esto es que puedo comparar a gente con polillas. En estas fechas, las zonas comerciales cogen complejo de aparición mariana porque saben que la luz atrae a los consumidores. Pese a todo, tantos adornos es un gasto excesivo en medio de tal severa crisis económica, crisis en la que la gente, excusada por estas fechas, compra todo lo que no ha comprado durante todo el año –¡anda, qué lógico!– para olvidarse de ella.

    Supongo que la atracción que ejerce el efímero placer de la posesión es más pronunciado cuanto más generalizado. Cuando el barullo, las luces y los villancicos que ya relacionamos a las compras acaparan los sentidos y arrastran como marea, la persona acaba formando parte del simpático rebaño de ovejitas del Belén. Por supuesto, tengamos en cuenta que encontrar un regalo adecuado da un subidón de autoestima tremendo al provocarse la fantasía de qué pensará el otro sobre uno mismo cuando lo abra. Y claro, más adecuado nos parece un regalo cuanto más caro u ostentoso es.

    No olvidemos tampoco las interminables listas de juguetes que escriben los niños. El materialismo precoz adivina generaciones cada vez más superficiales, y eso asusta. Son demasiadas cosas las que piden, y a cada cual más absurda. La verdad es que la publicidad hace una labor muy sucia con los niños, porque tan pequeños no son capaces de digerir lo que ven –aunque muchos adultos tampoco– y directamente se lo tragan todo.

    No critico que no conserve a penas su origen religioso de celebrar la Natividad, porque eso se pierde como todo. El carnaval tenía un sentido pagano cuyo cometido era honrar a dioses y ahí está la gente en el siglo XXI disfrazándose hasta de compresa. La cuestión es que son unas fechas frías –no precisamente por la temperatura– y huecas, que en general sacan el egoísmo y el placer del consumismo camuflado de falsa abnegación. Yo, la verdad, no le veo el encanto.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Amnésicos y desorientados.


   Recuerdo que hace un mes o así fue otra de las manifestaciones masivas del movimiento 15-M. La plaza de España estaba que tirabas un alfiler y pinchabas a ocho. Y oye, que no tengo nada en contra del movimiento de los indignados con las bases que Stéphane Hessel planteaba. Me parece genial que la gente decida indignarse y hace falta. Lo que no me parece tan bien es que se haya convertido en un ''politicomovimiento de politicoindignados'', que a parte de dedicarse a dar una imagen poco civilizada (como lo que ocurrió con la JMJ2011 en la Puerta del Sol), tiene los mismos efectos secundarios la terapia de electroshock. Y diréis: ¿Electroqué? Pues el TEC, amigos, es un duro tratamiento que se emplea en esquizofrénicos y depresiones severas. Las complicaciones son sobretodo, pérdida de la memoria y desorientación temporal. ¿Y qué tiene eso que ver con el movimiento? Pues que el supuesto remedio hace que nos olvidemos de asuntos que la política ni sabe ni ha sabido solucionar y además nos desorienta ideológicamente. Al fin y al cabo, esto es lo que les interesa a los medios de comunicación y al gobierno.

    Lo de por qué les conviene la desorientación ideológica está clarísimo: gente indecisa, fácil manipulación. En lo otro caí cuando, paseando por la Campana, me topé con una bastante bien montada manifestación contra la violencia de género. Digo lo de bien montada porque tenía hasta animación musical y unas pancartas y lemas muy currados. Pero había poquísima, poquísima gente.   ¿Es que a nadie le interesa ya que las cifras de víctimas por este tipo de violencia sigan siendo escalofriantes desde hace años? Pues al parecer, no a tanta como a la que le interesa que no se recorten los sueldos, o a la que quiere tener un gobierno que defienda sus intereses.

    Que se le dé tantísima propaganda a la indignación política, no hace más que dejar en segundo plano las cosas de las que realmente no quieren que nos acordemos. Cuidadín.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Persona-tupper


    Creo que es el término más correcto para esas personas realmente herméticas. Como ya se sabe, un recipiente hermético es todo aquel que no permite la salida de fluidos o gases, y así, una persona hermética es toda aquella que no deja escapar sus sentimientos. Me imagino que se debe a extrema comodidad con uno mismo, y por ello no necesitan volcar en nadie lo que sienten, su propia mente les sirve de desahogo. Viéndolo así es una cualidad muy útil, demuestra independencia y autosatisfacción, que a mi parecer, son las cosas más valiosas a las que aspira tener una persona. Facilitan la estabilidad mental y emocional, y básicamente, hace al individuo a prueba de balas. Aunque como todo, tiene una parte no tan buena.

    Al resto de mortales se nos hace casi imposible tratar de manera profunda con estas personas, lo cual es una pena, porque hay a quienes merece que les revuelvan la arenilla del fondo. Es un poco duro también la preocupación que provocan. No se sabe lo que se les pasa por la cabeza, y al querer y no poder saberlo, nos sentimos intranquilos con nuestro "tupper": ¿En qué estará pensando? ¿Qué siente? ¿Qué soy para él? Y es cuando insistes en abrir la tapadera, hasta que nuestro hermético se agobia, con un iminente rechazo. Como si se intentaran acercar dos imanes del mismo polo. Esto tiene algunas consecuencias negativas, tanto para el individuo como para su círculo social, sobre todo para este último.

    El individuo tiene, por llamarlo de alguna manera, una bipolaridad aparente. Nunca se sabe lo que le ocurre y da la impresión de que su humor cambia ''sin motivo''. Es algo desagradable. Si no fuera por el aumento de atención que provoca, todos huiríamos como de la peste. También pierde en empatía por la poca importancia al intercambio de sentimientos y sin quererlo, es muy probable que se equivoque en el trato con las personas y acabe hiriendo. Claro que eso no es problema de la persona-tupper, el marrón es para el resto de la humanidad.

    Cerrar sentimientos ahorra problemas a uno mismo, evita la influencia de interpretaciones ajenas sobre éstos y permite tener una visión propia de las emociones personales. Sin embargo, limita las relaciones interpersonales y el intercambio sentimental con el individuo, creando repercusión en el entorno afectivo.

    Apuntemos tantos: Individualismo - 1 / Habilidades sociales - 0

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Perros indignados


    Ayer por la tarde, esperando para cruzar un semáforo me encontré con un perro que llevaba una chapa con su nombre, tan ridículo que me da vergüenza decirlo. La dueña no se callaba dándole órdenes para que se sentara empujándolo con el pie en las patas traseras y hablándole como si fuera un niño pequeño que se niega a comer verduras. Al parecer le resultaba necesario que se sentara mientras se ponía la luz verde.

    Me hace gracia cuando la gente habla de habilidades caninas. Pero es que dar la pata cuando se le pide, sentarse cuando alguien se lo diga, comer en la mesa o hacer cuentas matemáticas son habilidades humanas, no caninas. Un perro es un perro, y se comporta como un perro. Un humano es un humano, y bueno, digamos que se comporta como un humano. Tenemos el ego tan alto que nos creemos con derecho de suprimir el instinto de otras razas. No es que vivan con nosotros y tengan que respetar nuestras normas, es que nosotros aceptamos que vivan con nosotros en su condición de perros, no en condición de humanos.

    Y ya lo que me mata es mirar dentro del bolso de una señora y encontrarse un Yorkshire: ''¡No, no! Si a él le encanta estar ahí.'' Venga ya. Elige entre pasarte una tarde mareado en un espacio claustrofóbico y correr tranquilamente en un espacio abierto revolcándote en la tierra.
Quien no lo trata como un humano, lo trata como un complemento. Mira que somos degenerados.
Ahora que esto de indignarse está algo de moda, lo cual me parece genial, planteémonos si somos los únicos con razones para indignarnos.

martes, 22 de noviembre de 2011

Sobre la libertad

    La soledad no tiene porqué atribuirse a sentirse libre, aunque posiblemente sí con el hecho de serlo. Puede sentirse libre quien se sabe independiente, quien tiene ideales y principios propios y no cae en la ''uniformidad''. Sin embargo, nuestra libertad está limitada por los derechos de los demás, por nuestra condición social, nuestras interacciones y nuestra historia (i.e. la sociedad). La única forma de ser completamente libres es estando solos, careciendo de contacto con un ambiente que siempre va a condicionar nuestro estado de libertad.

    Cierto es que esto asusta a cualquier ser humano, tanto el hecho de quedarse completamente solo como el de ser completamente libres. Paradójicamente, a eso que tanto ansiamos y reivindicamos, con frecuencia le tememos. ¿A quién no le da miedo quedarse sólo al borde de un barranco contra el que chocan oleadas de problemas y dudas? A mí desde luego me da pánico. Necesitamos ayuda y consejo a la hora de tomar nuestras decisiones, y sin ir más lejos, en ocasiones preferimos que nos impongan o descarten opciones para ahorrarnos la molestia de pensar y elegir.

    A pesar de todo, no se puede renunciar a algo tan esencial al ser humano, aunque ello nos genere angustia por la posibilidad de errar al elegir un camino no adecuado. Al fin y al cabo siempre podemos considerarnos libres desde nuestra persona, aunque para afirmarlo haya que obviar factores ambientales muy importantes.

    Frente a semejante abismo despejado y abierto a cualquier posibilidad, debemos cuidarnos de mantener nuestros principios morales que tan fácil pueden ser removidos por el viento.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Opiniones


    Las opiniones no son algo que debemos tomarnos a la ligera. Lo que pensemos, es, básicamente lo que nos define y nos distingue del resto. Las opinión es algo que hay que entrenar y, a ser posible, no hacerla hermética, ya que esto empuja más a la ignorancia que a tener una buena crítica.

    ¿Por qué es tan importante la opinión? La respuesta a esta pregunta se remonta a la Grecia clásica, donde algunos filósofos extendieron la alfombra roja al pensamiento humano. Ya Sócrates era consciente de que la mente era capaz de concebir algo propio y único, marcado por la persona, igual que los genes marcan a un bebé. La opinión, el pensamiento. Para que realmente sea único, evidentemente debe estar engendrado por nosotros mismos. No podemos dar una opinión sin pensar, esto haría perder la propia definición de opinión, y no es lo que queremos. Si hoy día hay un problema, es que hay mucha gente que da opiniones que ha escuchado de otros y ni las piensa, sólo las suelta para quedar de maravilla sin tener ni idea del tema. Es clave apoyarse en opiniones ajenas para crear la propia, pero oye, sin pasarse, que hay gente que escupe lo que traga de otras bocas, sin ni siquiera pararse a masticar un poco. Hay que aprender a digerir lo que escuchamos, leemos y vemos, y para eso, necesitamos echar tiempo y, sobre todo, ganas de aportar algo útil a la sociedad. 
    Y sigo insistiendo en que debemos escuchar a los demás, ya que nuestra opinión es tan válida como cualquier otra. Por eso es una opinión. No hay nada más repulsivo que una persona tan segura de lo que piensa, que te tira las palabras a la cara, que aunque tú digas algo, como si nada. Por un oído entra y por otro sale. Cabezotas se llaman, y son tan terribles como los que no piensan por sí mismos. Precisamente, la chispa de la crítica es llegar al equilibrio entre defender lo que piensas y enriquecerse con lo que los demás opinan. Para decir lo que pensamos sobre un tema tenemos que informarnos y documentarnos bien para no meter la pata, y por supuesto concienciarnos de que nuestra idea va a ser refutada y de que aunque a algunos les cueste admitirlo, se puede estar algo equivocados.

    Si hay algo que está claro, es que para tener un buen concepto de la realidad y ser dignos de llamarnos personas críticas, la clave está en intercambiar las opiniones como cromos, que aunque algunos nos gusten, hay que tenerlos en la colección.